El Rapto de Avelino por la Gorilona

 


 


Era un día soleado en el barrio, y Lucila Ballenato, mejor conocida como "La Gorilona", estaba de un humor especialmente travieso. Después de haber tenido una larga discusión con su hermano Renato sobre sus vagancias, Lucila decidió que era el momento perfecto para sacar a alguien más de su rutina. Y quién mejor que Avelino Pilongano, el eterno flojo y aspirante a poeta.
 
Lucila tenía un plan brillante. Se dirigió a la casa de Doña Gamucita, sabiendo que encontraría a Avelino en su lugar habitual, ensimismado en sus escritos poéticos de dudosa calidad. Al llegar, Lucila, con su habitual energía y voz potente, saludó a Doña Gamucita y le pidió permiso para llevarse a Avelino por un día, asegurándole que solo quería mostrarle un poco del mundo exterior.
 
Doña Gamucita, un poco sorprendida pero aliviada por la oferta, aceptó de inmediato, esperando que esta aventura podría despertar en Avelino algún sentido de responsabilidad.
 
Lucila, con una sonrisa traviesa, se dirigió a la habitación de Avelino. Lo encontró recostado en la cama, leyendo un libro que parecía haber leído mil veces. Con un rápido movimiento, Lucila lo levantó de la cama y lo llevó afuera, bajo la atónita mirada de Avelino, quien no entendía lo que estaba ocurriendo.
  • "¡Vamos, poeta! Hoy vas a conocer el mundo real," dijo Lucila con determinación.
     
Avelino, protestando débilmente, se dejó arrastrar por la fuerza imparable de La Gorilona. Sin saber cómo, se encontró en el parque principal del barrio, rodeado de niños corriendo y perros jugando.
 
Lucila tenía un objetivo claro: darle a Avelino una buena dosis de realidad. Lo llevó a una construcción cercana, donde conocía a algunos albañiles. Allí, le puso un casco y le entregó una pala.
  • "¡Vamos, a trabajar! Un poco de ejercicio te hará bien," dijo Lucila, riendo ante la expresión de horror en el rostro de Avelino.
     
Avelino, incapaz de resistirse, comenzó a cavar bajo la atenta mirada de Lucila y las risas de los albañiles. Después de un rato, sudando y con la espalda adolorida, Avelino decidió que ya había tenido suficiente de la "aventura".
 
  • "Esto no es para mí, Lucila. Soy un poeta, no un albañil," dijo, tratando de sonar digno mientras dejaba caer la pala.
     
Lucila, con una carcajada, decidió que era momento de la segunda parte del plan. Llevó a Avelino a una cafetería cercana, donde lo obligó a recitar sus poemas a los clientes. Entre risas y aplausos tímidos, Avelino se dio cuenta de que tal vez su talento poético necesitaba un poco más de pulido.
 
Finalmente, agotados pero con una nueva perspectiva, Lucila y Avelino regresaron a casa de Doña Gamucita. Avelino, aunque cansado, parecía haber aprendido algo importante sobre el esfuerzo y la dedicación.
 
  • "Gracias, Lucila," dijo Avelino, con una sonrisa cansada pero sincera. "Hoy ha sido un día... interesante."
     
Lucila, satisfecha, lo dejó con su madre y se fue, sabiendo que había hecho algo bueno ese día. Doña Gamucita, agradecida, abrazó a su hijo, esperando que esta experiencia lo ayudara a encontrar un camino más productivo.
 
Y así, el día en que Lucila "raptó" a Avelino quedó grabado en la memoria de todos como una lección de vida y una aventura divertida en el barrio.
 
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