En un rincón de la Colonia el Lodazal, Don Susano Cantarranas está hurgando entre los montones de basura con su carrito de pepenador. Su camisa está manchada de salsa y su sombrero tiene un agujero sospechoso. A su lado, Telesforeto Colín, alias "El Sapo-Rana", lo acompaña mientras sostiene a su muñeco Pompeyo bajo el brazo.
Telesforeto: (agitando a Pompeyo) ¡Vamos, Susano! No te rindas, amigo. Hoy es el día en que encontraremos algo bueno… o al menos algo que se pueda vender por unas cuantas monedas para el tlachicotón.
Pompeyo: (con voz chillona) ¡Exacto! Recuerda, Susano, que hasta los grandes tesoros empiezan en la basura. Solo necesitas tener fe... y tal vez menos pulque en tu sistema.
Don Susano: (gruñendo) Cállate, Pompeyo. Tú no sabes lo que es trabajar duro como nosotros. Además, ¿qué sabrá un muñeco de madera sobre la vida?
Telesforeto: (riendo) Oh, pero Pompeyo tiene más sentido común que tú, Susano. Él nunca se emborracha ni anda metiendo las narices en problemas.
Don Susano: (ignorándolos) Mmm… ¿Qué es esto? (Saca una cartera vieja pero elegante de entre los desechos.)
Telesforeto: (acercándose emocionado) ¡Por todos los santos borrachos del mundo! ¿Qué tienes ahí, Susano?
Don Susano: (abriendo la cartera con avidez) ¡Dinero! ¡MUCHO DINERO! (Empieza a contar billetes mientras sus ojos brillan.) Esto… esto debe ser suficiente para comprar un barril entero de pulque y tal vez hasta un asado para toda la colonia.
Pompeyo: (interrumpiendo) ¡Espera un momento, Susano! Esa cartera no es tuya. Podría pertenecer a alguien importante. Tal vez deberías devolverla.
Don Susano: (ofendido) ¿Devolverla? ¿Estás loco, Pompeyo? ¡Esta es mi oportunidad de cambiar mi vida! Además, nadie sabe que la encontré. Es mi destino.
Telesforeto: (suspirando) Bueno, si decides quedártela, asegúrate de usar ese dinero sabiamente. Por ejemplo, podrías pagarle una lavadora nueva a tu esposa, La Divina Chuy.
Don Susano: (burlón) Ja, sí claro. Antes de eso, prefiero regalarle el dinero a los perros callejeros antes que a esa mandona.
Mientras tanto, en casa de Don Susano, La Divina Chuy está barriendo el suelo con cara de pocos amigos. Lleva puesto un vestido ajustado y unos zapatos extravagantes que claramente no combinan.
La Divina Chuy: (murmurando) Este hombre es un caso perdido. Nunca trae nada bueno a casa, solo problemas y resacas. Si tan solo pudiera encontrar algo decente un día…
Súbitamente, Don Susano entra tambaleándose, con la cartera en la mano y una sonrisa triunfal en el rostro.
Don Susano: (orgulloso) ¡Chuy, amor de mi vida! Prepárate para recibir a tu príncipe azul. ¡He encontrado el tesoro del siglo!
La Divina Chuy: (sarcástica) Ah, ya veo. ¿Otra vez encontraste un calcetín usado que huele a gloria?
Don Susano: (agitando la cartera) ¡No, mujer! ¡DINERO! ¡Miles de pesos! Con esto podremos vivir como reyes durante meses.
La Divina Chuy: (entrecerrando los ojos) Espera un segundo. ¿De dónde sacaste todo ese dinero?
Don Susano: (titubeando) Eh… digamos que fue un regalo caído del cielo.
La Divina Chuy: (cruzándose de brazos) Ya. Y yo soy la reina de Inglaterra. Escúpelo, Susano. ¿Robaste algo?
Don Susano: (defensivo) ¡Claro que no! Lo encontré en la basura. Nadie lo estaba usando, así que técnicamente es mío.
La Divina Chuy: (suspirando) Ay, Susano, siempre igual. Primero haces tonterías y luego esperas que yo arregle tus desastres. Devuelve esa cartera ahora mismo.
Don Susano: (protestando) ¿Devolverla? ¡Ni hablar! Este dinero va a resolver todos nuestros problemas.
La Divina Chuy: (mirándolo fijamente) Bien. Entonces prepárate para enfrentar las consecuencias cuando el dueño venga a buscarte.
Al día siguiente, Don Susano decide presumir su fortuna recién adquirida en el barrio. Invita a todos a tomar cervezas y tacos gratis, lo que rápidamente llama la atención de Telesforeto y Pompeyo.
Telesforeto: (preocupado) Susano, esto no me gusta. Si gastas todo ese dinero tan rápido, la gente empezará a hacer preguntas.
Pompeyo: (asintiendo) ¡Exacto! Además, ¿qué pasa si el verdadero dueño aparece? Podrías terminar en serios problemas.
Don Susano: (riendo) Bah, no seas aguafiestas, Pompeyo. Nadie va a venir a buscarme. Probablemente esa cartera llevaba años perdida.
Justo en ese momento, un hombre bien vestido entra al lugar, mirando a su alrededor con expresión preocupada. Se acerca directamente a Don Susano.
Hombre Elegante: (serio) Disculpe, señor. ¿Ha visto una cartera negra? Contiene mucho dinero y documentos importantes.
Don Susano: (nervioso) Eh… ¿qué cartera? Yo no he visto nada.
Pompeyo: (susurrando desde atrás) ¡Confiesa, Susano! Es lo correcto.
Telesforeto: (susurrando) O al menos invéntate una excusa mejor.
La Divina Chuy: (apareciendo de repente) Buenas tardes, caballero. Creo que sé quién tiene su cartera.
Don Susano: (horrorizado) ¡Chuy, no!
La Divina Chuy: (ignorándolo) Mi esposo cometió un error, pero estamos dispuestos a rectificarlo. Solo pidale que firme aquí antes de irse con la cartera vacía.
(Todos se echan a reir menos Susano)
Después de devolver la cartera y disculparse con el hombre elegante, Don Susano regresa a casa arrastrando los pies. La Divina Chuy lo espera con los brazos cruzados.
La Divina Chuy: (sonriendo) Bueno, al menos aprendiste algo hoy. La próxima vez, piensa antes de actuar.
Don Susano: (suspirando) Sí, sí, ya entendí. Pero dime una cosa… ¿por qué siempre tengo que ser yo el que aprende las lecciones difíciles?
Telesforeto: (riendo) Porque eres el único que necesita tantas, amigo.
Pompeyo: (finalizando) ¡Y recuerda, Susano! La honestidad siempre es la mejor política… aunque duela un poco.
Todos ríen mientras la cámara se aleja lentamente, mostrando el bullicio cotidiano de la Colonia el Lodazal.
Fin.

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