El Mercado de las Chacharas
En el bullicioso Mercado de las Chacharas, Borola Tacuche está rebuscando entre los puestos de antigüedades y baratijas. Lleva su clásico vestido ajustado, gafas de sol enormes y una bolsa llena de chucherías que ha comprado durante la mañana.
Vendedor 1: (gritando) ¡Señora, mire estas joyas finas! ¡Son exclusivas para damas elegantes como usted!
Borola: (riendo sarcásticamente) ¡Ja! Si fueran tan exclusivas, no estarían en este mercado de chacharas. ¿Qué más tienes?
Vendedor 2: (agitando un objeto extraño) ¡Aquí, señora! Una lámpara antigua. Según dicen, tiene poderes mágicos.
Borola: (mirando con desconfianza) ¿Poderes mágicos? ¿Y cuánto cuesta esta cosa oxidada?
Vendedor 2: Solo cinco pesos. Es prácticamente un regalo.
Borola: (sacando unas monedas de su cartera) Bueno, por ese precio, hasta podría brillar sola. ¡La llevo!
Borola agarra la lámpara y se aleja triunfalmente, dejando al vendedor rascándose la cabeza.
Vendedor 2: (murmurando) Espero que no invoque ningún genio… esos tipos pueden ser problemáticos.
De vuelta en su casa, ubicada en el famoso Callejón del Cuajo, Borola está limpiando sus compras mientras tararea su famosa canción: "Así cuchichí, así cuchichí". Decide frotar la lámpara para quitarle el polvo.
Borola: (hablando sola) Esta lámpara es fea, pero tal vez pueda usarla como adorno en mi próximo show exótico. ¡A ver si brilla un poco!
Súbitamente, una nube de humo sale de la lámpara, y aparece un genio gigante con músculos descomunales, túnica dorada y un turbante que parece hecho de purpurina.
Genio: (con voz retumbante) ¡Soy el Genio de la Lámpara! ¡Por haberme liberado, te concederé tres deseos!
Borola: (saltando hacia atrás) ¡Ay, santo Diosito! ¡Un genio! ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en algún palacio árabe?
Genio: (riendo) No, señora. Estoy aquí para cumplir tus deseos. ¡Dime qué quieres y lo haré realidad!
Borola: (pensativa) Hmm… bueno, ya que insistes, tengo algunas ideas. Pero antes, ¿tienes seguro médico? Porque mis deseos suelen ser… digamos… creativos.
Genio: (nervioso) Eh… sí, señora. Tengo todo cubierto. Adelante, pide tu primer deseo.
Borola: (con determinación) ¡Quiero ser la mujer más famosa de todo México! Pero no solo famosa… quiero que me reconozcan como la exótica más talentosa del mundo. ¡Que mi nombre sea legendario!
Genio: (chocando los dedos) ¡Hecho! A partir de ahora, eres conocida como "La Diva Tacuche", la cantante y bailarina más aclamada del planeta.
De repente, flashes de cámaras empiezan a iluminar la habitación. Reporteros y fotógrafos aparecen mágicamente afuera de la casa, gritando preguntas y tratando de entrar.
Reportero 1: ¡Señora Tacuche! ¿Cómo logró dominar el escenario tan rápido?
Reportero 2: ¡Cuéntenos sobre su éxito internacional!
Borola: (sorprendida pero emocionada) ¡Funcionó! ¡Soy famosa! Pero… ¿por qué todos están hablando de mí como si fuera una estrella de Hollywood?
Macuca: (entrando al cuarto) Mamá, ¿qué pasa? ¿Por qué hay tanto ruido afuera?
Borola: (orgullosa) Macuca, hija, prepárate para vivir con una celebridad. ¡Soy LA estrella del momento!
Macuca: (suspirando) Ay, mamá… sabía que algo así pasaría cuando empezaste a limpiar esa lámpara.
Al día siguiente, Borola está disfrutando de su nueva fama, dando entrevistas y firmando autógrafos. Sin embargo, pronto se aburre de tanto glamour y decide pedir su segundo deseo.
Borola: (hablando con el genio) Mira, genio, esto de ser famosa está bien, pero quiero algo más. ¡Quiero tener una fortuna tan grande que ni yo misma pueda contarla!
Genio: (preocupado) ¿Estás segura? Mucha gente se mete en problemas cuando tiene demasiado dinero…
Borola: (interrumpiendo) ¡Claro que estoy segura! ¡Hazlo!
El genio choca los dedos nuevamente, y montones de billetes caen del cielo, cubriendo toda la casa y bloqueando las puertas.
Foforito: (intentando abrir la puerta) ¡Mamá! ¡No puedo salir! ¡Hay demasiado dinero!
Borola: (riendo) ¡Ja! Esto es perfecto. Ahora soy rica. ¡Podré comprar todo el maquillaje y los vestidos que quiera!
Regino: (entrando al cuarto) Borola, amor, ¿no crees que esto es un poco excesivo? Ni siquiera podemos cocinar porque la cocina está llena de billetes.
Borola: (desestimando) Bah, detalles. Regino, ponte unos zapatos nuevos y deja de quejarte.
Mientras tanto, Don Susano Cantarranas y La Divina Chuy llegan a visitar a Borola. Ambos están impresionados por la cantidad de dinero en la casa.
Don Susano: (tomando un trago de pulque) ¡Vaya, Borola! ¡Esto es increíble! ¿Cómo lo hiciste?
Borola: (fanfarroneando) Digamos que tengo mis contactos. Pero aún me queda un deseo. Y necesito pensar muy bien qué pedir.
La Divina Chuy: (curiosa) ¿Qué vas a pedir, Borola?
Borola: (pensativa) Quiero… ¡quiero que todos en el Callejón del Cuajo sean felices para siempre!
Genio: (sorprendido) ¿Felices para siempre? Eso es bastante ambiguo. ¿Cómo defines "felicidad"?
Borola: (encogiéndose de hombros) Pues… que nadie tenga problemas, que todos tengan comida, trabajo y diversión. Ya sabes, cosas básicas.
El genio choca los dedos una última vez, y de inmediato, el Callejón del Cuajo se transforma en un lugar próspero y lleno de vida. Las casas están pintadas de colores brillantes, hay parques limpios y fuentes relucientes, y todos los vecinos parecen contentos.
Don Susano: (sorprendido) ¡Guau! Esto es mejor que el pulque.
La Divina Chuy: (sonriendo) Parece que finalmente hiciste algo bueno, Borola.
Borola: (orgullosa) Claro que sí. Soy una visionaria.
Aunque todo parece perfecto, pronto surge un problema. Al no haber más conflictos o problemas en el Callejón del Cuajo, Borola comienza a aburrirse.
Borola: (quejándose) ¡Esto es terrible! ¡Ya no hay nada divertido que hacer! Sin dramas ni peleas, la vida es aburridísima.
Genio: (apareciendo otra vez) Lo siento, señora Tacuche. Mis poderes tienen límites. No puedo devolverte el caos sin romper las reglas.
Borola: (suspirando) Bueno, supongo que tendré que acostumbrarme a esta paz.
Sin embargo, minutos después, Borola encuentra accidentalmente otro objeto mágico en su casa y comienza a conspirar nuevos planes locos.
Borola: (sonriendo traviesamente) Tal vez todavía haya esperanza para el drama…
Dario N. Fin.

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