El Callejón de Cuajo se Prepara para el Día de Muertos
En el corazón del Distrito Federal, donde los campanarios de las iglesias compiten con el bullicio de las calles, se encuentra el legendario Callejón de Cuajo, un rincón pintoresco y caótico que parece haber sido creado específicamente para celebrar el Día de Muertos. Aquí, las flores de cempasúchil brillan como estrellas terrenales, los altares rebosan de ofrendas extravagantes y los mariachis nunca dejan de tocar. Pero este año, la celebración tomará un giro inesperado cuando La Familia Burrón decida visitar el panteón local para honrar a sus ancestros... y terminen encontrándose con una Catrina muy particular que tiene mucho más carácter del que esperaban.
Todo comenzó una semana antes del 2 de noviembre, cuando Doña Borola Tacuché, la matriarca de la familia, anunció que este año harían algo diferente para el Día de Muertos.
- Doña Borola:
—¡Escuchen bien, familia Burrón! Este año no solo vamos a poner el altar en casa. ¡Vamos al panteón a limpiar las tumbas de nuestros antepasados y llevarles sus ofrendas personalmente!
- Don Regino (el patriarca):
—¿Al panteón? ¿Con todo lo que tenemos que hacer aquí? Si apenas podemos mantener vivo nuestro altar sin que Macuca use las veladoras para hacerse la manicura.
- Macuca (la hija consentida):
—¡Papá, eso fue UNA vez! Y además, fue un accidente. No sabía que el esmalte era inflamable.
- Regino Jr. (el hijo mayor):
—Mamá, ¿y si nos topamos con una aparición? Ya sabes, como esos fantasmas que salen en las películas.
- Doña Borola:
—¡Bah! Los fantasmas no existen. Y si existieran, seguro que estarían demasiado ocupados comiendo pan de muerto como para asustarnos. Así que prepárense, porque vamos al panteón este domingo.
- Foforito (el hijo adoptivo):
—Oigan, ¿creen que haya WiFi en el panteón? Porque quiero subir fotos de nosotros con las ofrendas.
- Todos al unísono:
—¡NO!
El domingo llegó, y toda la familia Burrón se dirigió al panteón cargando canastas llenas de comida, flores de cempasúchil, papel picado y, por supuesto, suficiente tequila para emborrachar a un ejército de ánimas.
- Don Regino:
—Esto es ridículo. Llevo dos horas sudando bajo este sol, y todavía no llegamos.
- Macuca:
—Papá, deja de quejarte. Además, el calor te hace bien. Tal vez así bajes un poco de peso.
- Doña Borola:
—¡Macuca! No seas grosera con tu padre. Aunque… tienes razón. Ramón, deberías hacer más ejercicio.
- Don Regino:
—Gracias por el apoyo, amor de mi vida.
Finalmente, llegaron al panteón, un lugar tranquilo y lleno de color gracias a las decoraciones de Día de Muertos. Las tumbas estaban adornadas con flores frescas, veladoras encendidas y fotografías de los difuntos.
Mientras la familia limpiaba las lápidas de sus ancestros y organizaba las ofrendas, algo inusual llamó su atención. En el centro del panteón, sentada sobre una lápida como si fuera un trono, había una figura vestida como una Catrina clásica: un elegante vestido negro con detalles florales, un sombrero enorme decorado con plumas y un rostro pintado de blanco con detalles negros.
- Macuca:
—¿Quién es esa señora? ¿Es parte de alguna obra de teatro?
- Doña Borola:
—No lo sé, pero parece que está posando para una foto. Miren, hasta tiene una rosa en la mano.
Decidieron acercarse para averiguar quién era. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, la misteriosa Catrina habló.
- La Catrina:
—¡Ah, visitantes! Bienvenidos al panteón más glamoroso de la ciudad. Soy La Catrina Sofisticada, y estoy aquí para asegurarme de que todos los difuntos reciban el respeto que merecen.
- Don Regino:
—Disculpe, señora, pero… ¿qué hace usted aquí? ¿Es pariente de alguien?
- La Catrina:
—Oh, querido, yo no soy pariente de nadie. Soy una representante oficial del más allá. Mi trabajo es asegurarme de que las ofrendas sean adecuadas y que nadie se atreva a dejar botellas de refresco barato en lugar de buen tequila.
- Foforito:
—¿Y qué pasa si alguien deja refresco barato?
- La Catrina:
—Entonces esa persona tendrá que enfrentarse a mí. Y créeme, no quieren eso. Tengo un temperamento tan fuerte como mi delineador de ojos.
La situación se volvió incómoda rápidamente cuando la Catrina comenzó a inspeccionar las ofrendas de la familia Burrón.
- La Catrina:
—Veamos… Pan de muerto: aceptable. Veladoras: bien. Flores de cempasúchil: perfectas. Pero… ¿qué es esto? Levanta una botella de tequila económico. ¡Por favor! Esto no es digno ni de un espíritu mediocre.
- Doña Borola:
—¡Oiga! Ese tequila es lo mejor que pudimos conseguir con nuestro presupuesto.
- La Catrina:
—Ah, ya veo. Una familia de clase trabajadora, ¿eh? Bueno, supongo que puedo hacer una excepción… siempre y cuando me ofrezcan algo más interesante.
- Macuca:
—¿Qué tal si le cantamos una canción? Mi mamá tiene una voz hermosa.
- Doña Borola:
—¡Macuca, no me pongas en evidencia!
- La Catrina:
—Una canción, ¿eh? Mmm… aceptable, pero solo si incluyen un mariachi. Nada menos.
- Regino Jr.:
—¿Y dónde conseguimos un mariachi aquí?
- La Catrina:
—Eso es problema suyo, no mío. Ahora, si me disculpan, voy a seguir inspeccionando otras ofrendas. ¡Y recuerden: nada de refrescos baratos!
Después de varias horas de intentar complacer a la exigente Catrina, la familia finalmente logró reunir a un mariachi local que pasaba por el panteón. Comenzaron a cantar una versión animada de "Las Golondrinas", mientras la Catrina observaba con actitud crítica.
- La Catrina:
—Hmmm… no está mal, pero podrían mejorar el tono. Y tú, jovencita, señala a Macuca, deberías mover más las manos al cantar. ¡Parece que estás saludando a un fantasma!
- Macuca:
—¡Pero estoy nerviosa!
- La Catrina:
—¡Los nervios son para los vivos! Aquí estamos celebrando la vida y la muerte, así que relájense.
De repente, una ráfaga de viento hizo que las veladoras se apagaran, dejando al grupo en penumbras. Todos se miraron nerviosos.
- Foforito:
—¿Ven? Les dije que esto iba a pasar.
- La Catrina:
—Tranquilos, niños. Solo es un pequeño recordatorio de que el más allá siempre está presente. Ahora, enciendan esas velas de nuevo y sigan cantando. ¡Quiero ver entusiasmo!
Después de varias horas de música, risas y algunas discusiones menores con la Catrina, la familia Burrón finalmente terminó su visita al panteón. A pesar de los momentos incómodos, todos coincidieron en que había sido una experiencia única e inolvidable.
- Don Regino:
—Sabes, Borola, creo que esta fue la primera vez que realmente disfruté el Día de Muertos.
- Doña Borola:
—Sí, aunque esa Catrina podría haber sido un poco menos mandona.
- La Catrina (desde lejos):
—¡Esperen! Antes de irse, quiero decir algo: ¡gracias por venir hoy! Recuerden que el Día de Muertos no es solo sobre recordar a los difuntos, sino también sobre celebrar la vida. Y ahora, adiós… ¡y mejoren ese tequila para el próximo año!
Todos rieron mientras se alejaban del panteón, llevándose consigo recuerdos inolvidables y una nueva apreciación por las tradiciones.
Gracias a la visita al panteón y al encuentro con La Catrina Sofisticada, el Día de Muertos de la familia Burrón se convirtió en una celebración única que mezcló tradición, humor y mucha diversión. Su aventura demostró que incluso en los momentos más solemnes, siempre hay espacio para reír y disfrutar la vida.
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