La Familia Burrón, Número 16,031 Año 1954


En la edición semanal número 16,031 de Paquito, titulada "Regino Burrón en la Cárcel", la narrativa de Gabriel Vargas contrasta la modernización de la Ciudad de México con la inmutable y caótica vida en las vecindades populares.1

La historia comienza con la crónica de la vida en la vecindad de los Burrón, un lugar donde las peleas estallan por ofensas triviales y las travesuras de los niños.1 Don Regino, el peluquero, es la única figura de paz y decencia, querido y respetado por todos sus vecinos, a diferencia de su esposa y sus hijos.1 En un acto de caridad, Don Regino le da cinco pesos a su vecina, Doña Susanita, para alimentar a sus hijos, lo que desencadena una furia irracional en Doña Borola.1 Acusándolo de tener un "segundo frente", Borola le quita el dinero a Regino y luego se enzarza en una brutal pelea con Doña Susanita, a quien golpea y roba sus aretes, recuperando el dinero de Regino.1

Avergonzado y abrumado por el desorden, Don Regino decide regresar a casa y no intervenir en los pleitos de su esposa.1 Sin embargo, al llegar a su vecindad, se encuentra en medio de una batalla a pedradas que Borola ha iniciado.1 Aunque él solo intenta detenerla, la policía lo confunde con el alborotador y lo arresta.1 A pesar de los ruegos de los vecinos que lo defienden, los oficiales lo golpean y lo llevan a la delegación.1

En la delegación, Don Regino es injustamente acusado, falsamente diagnosticado con un estado de embriaguez por un "doctor" y multado con una suma exorbitante que no puede pagar.1 Es arrojado a la cárcel, donde los presos le roban la ropa y lo humillan.1 La historieta concluye con una imagen de Don Regino en su celda, atando su cinturón a los barrotes, contemplando una trágica decisión.1 En su desesperación, se siente deshonrado y reflexiona sobre la amargura de vivir en un mundo donde un hombre honesto es tratado igual que un criminal.1 El narrador cierra con la sombría nota de que si el "zotaco más bueno del mundo" lleva a cabo su decisión, toda la vecindad lo llorará.




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