Borola Burrón y el Caos en el Mercado del Mictlán

 

El Anuncio del Mercado

Bajo un sol abrasador, Doña Gamucita lavaba ropa mientras Avelino roncaba, soñando con acémilas. En la casa de los Burrón, Borola leía el periódico con entusiasmo.

— ¡Regino, mira! — exclamó, agitando el periódico—. ¡Inauguraron el Mercado del Mictlán cerca del Lodazal! Tiene frutas, ropa, y algo de “agua de jamaica” rara. ¡Voy a chacharear!

Regino gruñó. — ¡Borola, no gastes! Tus cremas milagrosas ya nos dejaron en bancarrota.

— ¡Ay, Regino, un mercado nuevo es como un danzón! — replicó Borola, poniéndose un rebozo multicolor—. Macuca, Foforito, ¡vámonos!

Macuca pidió agujas; Foforito, dulces. Wilson ladró en aprobación.

El Mercado del Mictlán

El Mercado del Mictlán era un laberinto de puestos con aromas de tacos y algo sospechoso. Borola vio una blusa de lentejuelas. — ¡Con esto, hasta el Conde Satán me invita a bailar!

Macuca la jaló. — Mamá, primero lo útil.

Foforito corrió a un puesto de “calaveritas encantadas”. Comió una y empezó a brillar como luciérnaga. — ¡Mamá, me siento raro! — gritó.

El vendedor, flaco y sospechoso, rió. — ¡Es magia del Mictlán! Solo 50 pesos por diez.

Borola lo encaró. — ¡Flaco, mi hijo no es farol! ¡Devuélveme mi dinero o te hago bailar con mi chancla!

Los Carroña Entran en Escena

El Conde Satán Carroña apareció, con un vaso de “agua de jamaica”. — ¡Señora Burrón, yo ayudo... si bailas un danzón! Pero nada de señoras mayores, su sangre tiene grumos.

— ¡Oye, vampiro, aquí la única que reparte sangre es mi chancla! — replicó Borola.

Cadaverina se materializó. — ¡Satán, sinvergüenza! ¿Coqueteando? — Miró a Borola—. ¡Gorda, no tientes a mi esposo! Entre esqueletos no hay gordos.

— ¡Gorda yo? ¡Esto es pura curva burrona! — dijo Borola—. Arregla lo de mi hijo o te desarmo.

Susano y Chuy al Rescate

Susano Cantarranas y la Divina Chuy llegaron, cargando chatarra.

Susano, borracho, señaló a Foforito. — ¡Chuy, el chamaco es un foco! ¡Lo vendemos como linterna!

Chuy lo jaló. — ¡Borracho inútil, es el hijo de Borola! — Miró a Borola—. ¿Qué le pasó?

Borola explicó. Chuy encaró al vendedor. — ¡Confiesa qué traen esos dulces!

El vendedor admitió: — Es “esencia de calaca” de Don Sombroso Mortis.

Sombroso apareció. — ¡Inofensivo! Solo brilla. Borola, ven al Ritmo del Mictlán esta noche.

— ¡No quiero danzones, quiero a mi hijo normal! — gritó Borola.

Avelino y el Caos Publicitario

Avelino Pilongano llegó con volantes para El Ritmo del Mictlán. — 

¡Doña Borola, esto es un poema apocalíptico! ¿Foforito es lámpara?

— ¡Babotas, tus volantes trajeron a estos vampiros! — dijo Borola—. Ayuda o le digo a Gamucita que te ponga a lavar.

Avelino recitó: Foforito brillante, ¿por qué luces como diamante? Chamaco radiante, te pisaré... el resplandor constante.

Satán rió. — ¡Buen verso! Reparte más, pero solo jovencitas.

Cadaverina se desvaneció, furiosa. Pinga Diabla pidió volantes. — ¡Escribe algo gótico! Danzón que sangra, en la tumba se engalana.

Avelino: Vampira alada, tu baile es de alborada.

Guerra de Puestos

Susano, borracho, repartió volantes en los puestos equivocados: propaganda en tacos, menús en dulces. Los vendedores gritaron.

— ¡Mis tacos no son para bailar! — dijo el taquero.

— ¡Mis dulces no son propaganda! — replicó el dulcero.

Borola tomó el control. — ¡Avelino, canta! Chuy, usa tu encanto. Susano, quédate quieto.

Avelino cantó: ¡Danza el danzón, en el Mictlán es canción! Pero atrajo mariachis del Lodazal, liderados por Susano: Con pulque en mano, bailo sin desengano.

Narciso gruñó. — ¡Mortales ruidosos, no curan mi insomnio!

El Antídoto y la Fiesta

Sombroso trajo una limonada con “esencia de calaca inversa”. Foforito dejó de brillar, pero olía a limón. Borola reunió a todos. — ¡Al Ritmo del Mictlán esta noche!

En el salón, Borola bailó con Regino, Avelino recitó a Pinga, Susano y Chuy se reconciliaron, y Satán fue ahuyentado por Cadaverina. Foforito lanzó volantes como confeti.

De Vuelta a Casa

Gamucita recibió a Avelino con frijoles. — ¿Repartiste todo?

— Mamá, fue un danzón apocalíptico — dijo Avelino—. Mañana, volantes de limonada.

Borola, a Regino: — ¡Gasté poco y traje aventura! ¡Eso es ser Burrón!

El Mercado del Mictlán se volvió la sensación del Lodazal, con Borola como reina y Avelino como poeta caótico. Fin... o hasta el próximo danzón.

 

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¡Hasta la próxima, mis amigos!

 

 

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