¡Hola,
amigos! Hoy les traigo una historia super divertida y llena de
risas sobre nuestra querida Borola Tacuche y su última ocurrencia en el
Callejón del Cuajo. Borola ha decidido ayudar a la escuela cercana a recaudar
dinero para que sea pintada, y para lograrlo, organiza una gran kermés.
¡Prepárense para disfrutar de todas las travesuras y situaciones cómicas que se
desarrollan en esta aventura!
Cierto
día en el Callejón del Cuajo, cuando Borola se levantó con una idea brillante.
Había pasado frente a la escuela cercana y notó que el edificio necesitaba
urgentemente una nueva capa de pintura. Decidida a ayudar, Borola pensó en una
manera divertida de recaudar fondos.
"Familia,
he decidido que vamos a organizar una kermés para recaudar dinero y pintar la
escuela," anunció Borola, con una sonrisa radiante.
Don
Regino, levantó la vista del periódico y miró a Borola. "¿Una kermés,
Borola? ¿Estás segura de esto?" preguntó.
"Claro
que sí, Regino. Será una manera estupenda de recaudar dinero y ayudar a la
escuela. Además, todos los vecinos pueden participar y divertirse,"
respondió Borola, con entusiasmo.
Reginito,
Macuca y Foforito estaban emocionados por la idea. "¡Vamos a tener una
kermés! ¡Será genial!" exclamaron los niños, mientras Borola comenzaba a
planificar los detalles.
Borola
comenzó a organizar todo lo necesario para la kermés. Sabía que necesitaría la
ayuda de todos los vecinos, así que decidió convocar a una reunión en el patio
de la vecindad. Los vecinos, siempre dispuestos a participar en las ocurrencias
de Borola, acudieron con curiosidad y entusiasmo.
"Amigos
y vecinos, tengo un gran plan. Vamos a organizar una kermés para recaudar
dinero y pintar la escuela. Necesito la ayuda de todos ustedes para hacerlo
realidad," dijo Borola, mientras los vecinos la miraban con asombro.
Doña
Remedios, siempre la pragmática, levantó la mano. "Borola, ¿qué necesitamos
para organizar la kermés?" preguntó.
"No
te preocupes, Remedios. Necesitamos juegos, comida, música y muchas ganas de
divertirnos. Cada uno puede aportar algo," respondió Borola, con
entusiasmo.
La
noticia de la kermés se esparció rápidamente por la vecindad, y muchos vecinos
se ofrecieron para ayudar. Don Susano, el pepenador, se encargó de encontrar
materiales para los juegos. Y así, cada vecino aportó su granito de arena.
"¡Aquí
tengo unas maderas y clavos! Podríamos hacer un juego de tiro al blanco,"
dijo Don Susano, mientras los vecinos aplaudían su hallazgo.
"Gracias,
Don Susano. Serán perfectos para los juegos," respondió Borola, con una
sonrisa de gratitud.
Después
de días de trabajo duro y colaboración, finalmente llegó el día de la kermés.
El patio de la vecindad se llenó de coloridas decoraciones, puestos de comida,
juegos y música. Todos los vecinos estaban emocionados y listos para disfrutar
de un día lleno de diversión.
"Amigos,
hoy es el gran día. ¡Nuestra kermés está lista!" anunció Borola, mientras
los vecinos se reunían en el patio.
El
primer juego en abrir fue el tiro al blanco, organizado por Don Susano.
Reginito, Macuca y Foforito fueron los primeros en probar suerte, mientras los
vecinos vitoreaban.
"¡Vamos,
Reginito! ¡Tú puedes!" gritó Macuca, mientras Reginito lanzaba la pelota y
derribaba las latas.
Mientras
la kermés se desarrollaba, no faltaron las situaciones cómicas. En un momento,
Doña Chuy, emocionada por las ventas de sus tamales, tropezó y derramó una olla
de salsa sobre Doña Remedios.
"¡Ay,
Dios mío! ¡Estoy cubierta de salsa!" exclamó Doña Remedios, mientras todos
trataban de contener la risa.
Otro
momento divertido ocurrió cuando Don Ruperto, queriendo impresionar a los niños
en el juego de las sillas, terminó cayéndose y rompiendo una de las sillas.
"¡Ay,
mi espalda! ¡Necesito una silla nueva!" exclamó Don Ruperto, mientras
Borola trataba de ayudarlo a levantarse.
En
medio de la kermés, apareció Alubia Salpicón, amiga de Foforito y una
aventajada estudiante de tololoche. Alubia siempre llevaba su tololoche a
cuestas, a pesar de su corta estatura, y era conocida por su gran generosidad.
Había recibido una gran herencia de un matrimonio que mucho la estimaba, y
solía guardar víveres e implementos en la caja de resonancia de su instrumento
para ayudar a los necesitados.
"Hola,
Borola. Quiero contribuir a la kermés. He traído algunos víveres para vender y
recaudar más fondos," dijo Alubia, mientras sacaba alimentos de la caja de
resonancia de su tololoche.
"Gracias,
Alubia. Tu generosidad es increíble," respondió Borola, con una sonrisa de
gratitud.
A
pesar de las travesuras y los contratiempos, la kermés resultó ser un gran
éxito. Los vecinos disfrutaron de los juegos, la comida y la música, y lograron
recaudar una cantidad significativa de dinero para pintar la escuela.
"Gracias,
Borola, Alubia y a todos los vecinos. Hemos recaudado suficiente dinero para
pintar la escuela," dijo el director de la escuela, con una sonrisa de
gratitud.
"No
hay de qué, señor director. Estamos felices de poder ayudar," respondió
Borola, con una sonrisa de satisfacción.
El
éxito de la kermés dejó una lección importante en la vecindad del Callejón del
Cuajo. Todos aprendieron la importancia de la colaboración, el trabajo en
equipo y el espíritu comunitario. Borola, Alubia y los vecinos demostraron que,
cuando se trabaja juntos, se pueden lograr grandes cosas.
"Esta
ha sido una experiencia increíble. Estoy muy orgullosa de lo que hemos
logrado," dijo Borola, mientras todos los vecinos celebraban el éxito de
la kermés.
La
familia Burrón y sus vecinos se fueron a dormir esa noche con el corazón lleno
de gratitud y la certeza de que, unidos, podían enfrentar cualquier desafío.
Espero que hayan disfrutado de esta historia divertida y llena de aventuras sobre Borola Tacuche y la kermés para recaudar dinero para pintar la escuela, con la ayuda generosa de Alubia Salpicón.
¡Hasta la próxima aventura en el Callejón
del Cuajo!

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