Comienza
describiendo la tristeza y el luto de la familia Burrón tras la aparente muerte
de Borola. Sus hijos y su esposo, Don Regino, la recuerdan con cariño, aunque
también se mencionan sus defectos. Los vecinos del callejón del Cuajo también
comentan sobre la supuesta muerte de Borola, y algunos creen ver su espíritu
rondando la vecindad.
Más
adelante, la historia da un giro cuando Don Regino se encuentra con el doctor
que atendió a Borola. El doctor confiesa que tiene miedo de haberla enterrado
viva, ya que hace años Borola sufrió un ataque de catalepsia que la dejó
inconsciente por varios días, y teme que esta vez haya sido lo mismo. Don
Regino, desesperado, le pide al doctor que exhume a Borola de inmediato.
Mientras
tanto, Borola despierta en su tumba, dándose cuenta con horror de que ha sido
enterrada viva. Con un esfuerzo sobrehumano, logra voltearse y empujar la tapa
del ataúd y la tierra, saliendo de su encierro.
Al ver a Don Regino, lo confronta furiosa, creyendo que él la enterró viva para poder estar con otra mujer. La historia termina con Borola discutiendo con Don Regino, quien intenta explicarle lo sucedido mientras el doctor intenta examinarla.

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