Todo comenzó una tarde tranquila en el Callejón
del Cuajo, cuando Alubia llegó con su tololoche gigante al patio central.
Fóforo estaba esperándola, curioso por saber qué harían ese día.
—¿Qué planes tienes hoy, Alubia?
—preguntó Fóforo mientras intentaba levantar el tololoche (sin éxito).
—Hoy voy a repartir comida a las
familias que más lo necesitan —respondió Alubia con una sonrisa—. Además,
quiero practicar una nueva melodía que compuse para el concierto de la escuela.
Justo entonces, Doña Borola apareció
pavoneándose con un vestido lleno de lentejuelas.
—¡Ah, mi querida Alubia! ¿Podrías
prestarme algo de tu tololoche? Necesito ingredientes para preparar una cena
especial.
Alubia asintió con dulzura y sacó un
paquete de arroz y frijoles de la caja de resonancia.
—Aquí tienes, Doña Borola. Pero
recuerda que esto es para ayudar a los necesitados.
Borola, fingiendo inocencia, respondió:
—¡Claro, claro! Lo usaré sabiamente.
Después de repartir víveres por todo el
Callejón, Alubia decidió practicar su nueva melodía. Sin embargo, cuando intentó
tocar el tololoche, notó algo extraño: ¡el sonido era completamente diferente!
—¿Qué está pasando? —exclamó
confundida—. Mi tololoche nunca ha sonado así.
Fóforo examinó el instrumento y
descubrió que la caja de resonancia estaba casi vacía.
—¡Alguien se llevó todo lo que había
adentro! —dijo alarmado.
Alubia frunció el ceño, visiblemente
decepcionada.
—No entiendo... ¿quién haría algo así?
En ese momento, Junior apareció
comiendo tacos con una expresión sospechosamente culpable.
—Eh... hola, chicos. ¿Qué tal va esa
música?
Fóforo lo miró con desconfianza.
—Junior, ¿tú sabes algo sobre los
víveres que faltan en el tololoche?
Junior tragó saliva nerviosamente.
—¡Claro que no! Bueno... tal vez tomé
algunas cosas para hacer tacos... pero fue solo un "préstamo".
Alubia suspiró resignada.
—Junior, estos recursos son para ayudar
a las personas que realmente lo necesitan. No puedes simplemente tomarlos sin
permiso.
Decidieron organizar una búsqueda para
recuperar los víveres perdidos. Mientras Fóforo interrogaba a Junior (quien
admitió haber compartido parte de los alimentos con otros vecinos), Alubia tocó
su tololoche en el patio central para llamar la atención de todos.
—¡Queridos vecinos! —anunció con voz
clara—. Si alguien tomó algo del tololoche, por favor devuélvalo. Estos
recursos son para quienes más lo necesitan.
Uno a uno, los vecinos comenzaron a
acercarse. Doña Chole devolvió un paquete de arroz, Don Regino regresó unas
latas de frijoles, y hasta Macuca entregó un tarro de café que había
"tomado prestado" para una emergencia.
Finalmente, Junior trajo de vuelta los
últimos víveres, acompañados de una disculpa sincera.
—Lo siento, Alubia. Prometo no volver a
hacerlo.
Alubia sonrió con calidez.
—Está bien, Junior. Solo recuerda que
podemos ayudarnos unos a otros sin necesidad de quitarle a los demás.
Con el tololoche nuevamente lleno,
Alubia interpretó su nueva melodía para todos los vecinos. El sonido profundo y
vibrante del instrumento llenó el aire, dejando a todos maravillados.
Fóforo, emocionado, aplaudió con
entusiasmo.
—¡Es increíble, Alubia! Tu música tiene
el poder de unirnos a todos.
Borola, quien había preparado una cena
especial con los ingredientes devueltos, declaró:
—¡Esta noche celebraremos a nuestra
pequeña heroína del tololoche! ¡Brindemos por Alubia Salpicón!
Y así concluyó otra aventura memorable
en el Callejón del Cuajo, donde la música, la bondad y la solidaridad siempre
prevalecen.
Fin.

0 Comentarios