Todo comenzó una tarde tranquila en El
Lodazal, cuando Telesforeto decidió organizar un pequeño espectáculo de
ventriloquia para entretener a sus amigos Don Susano y La Divina Chuy. Había
encontrado una caja de cartón y la había decorado con papel brillante para
simular un escenario.
—¡Amigos queridos! —anunció Telesforeto
con dramatismo—. Hoy les presento a mi asistente estrella, el inigualable
Pompeyo, quien mostrará su increíble sabiduría frente a ustedes.
Pompeyo, sentado en su hombro,
respondió con voz aguda:
—Gracias, gracias. Pero antes de empezar,
permítanme decir que Telesforeto debería dejar de beber tanto pulque. Ya casi
no puedo entender lo que dice.
Susano y Chuy estallaron en carcajadas,
mientras Telesforeto fingía indignación.
—¡Silencio, Pompeyo! ¡Esto es un
espectáculo serio!
Telesforeto comenzó su rutina, haciendo
que Pompeyo contara chistes y diera consejos absurdos a la audiencia.
—¿Sabían que el pulque es la fuente de
la juventud? —dijo Pompeyo con tono burlón—. Solo mírense a ustedes tres:
parecen tener 20 años... si tenemos en cuenta que estamos en el siglo pasado.
Chuy, riendo, replicó:
—¡Oigan, no tan viejos, Pompeyo! Yo
todavía tengo mis encantos.
Susano, visiblemente ebrio, intentó
hacer su propio número de ventriloquia usando una lata vacía como
"muñeco". Desafortunadamente, todo lo que logró fue balbucear
incoherencias y caerse de espaldas.
¡Bravo, Susano! —exclamó Pompeyo—. Esa
fue tu mejor interpretación hasta ahora... aunque creo que tu público está
durmiendo.
En medio del espectáculo, Telesforeto
sacó una botella de pulque que había guardado especialmente para la ocasión.
¡Vamos, amigos! Un brindis por el arte
y la amistad —dijo levantando la botella.
Sin embargo, cuando intentó servir el
pulque, notó algo extraño: ¡la botella estaba completamente vacía!
Pompeyo, sabía que esto pasaría! —gritó
Telesforeto—. ¡Alguien se tomó mi reserva secreta!
Pompeyo, con una sonrisa traviesa,
respondió:
Creo que fue Susano. Lo vi oliendo
cerca de tu mochila hace unos minutos.
Todos miraron a Susano, quien intentaba
disimular culpablemente mientras lamía los restos de pulque del borde de la
botella.
¡Eh, yo solo estaba probando si estaba
bueno! —se defendió.
Chuy, cruzándose de brazos, dijo:
¡Susano, eres un desastre ambulante!
Menos mal que tienes amigos como nosotros para soportarte.
A pesar del incidente, todos terminaron
riendo y compartiendo historias bajo la luz de la luna. Telesforeto, conmovido
por el apoyo de sus amigos, prometió dejar de lado el alcohol... al menos por
esa noche.
Gracias, amigos, dijo Telesforeto con
una sonrisa sincera. Ustedes son mi verdadero público.
Pompeyo, siempre pragmático, añadió:
Sí, pero mañana seguimos trabajando en
eso de dejar el pulque, ¿de acuerdo?
Y así concluyó otra noche memorable en
El Lodazal, donde la amistad, el humor y la música siempre prevalecen.
Fin.

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