La familia Burrón se separa temporalmente cuando Borola, buscando fama y fortuna, emprende un viaje con sus hijos por México. Su esposo, el señor Burrón, sufre por la ausencia de su familia, sintiendo su casa vacía y los ruidos amplificados por el silencio. Mientras tanto, Borola y sus hijos viajan en tren.
Al llegar a su destino, el apoderado de Borola, Cristino, se adelanta para organizar un recibimiento, aunque con dificultades económicas. Logra conseguir flores de un funeral y paga a un grupo de personas para que aplaudan a Borola, quien se siente emocionada por el recibimiento, aunque no fue tan grandioso como esperaba. Luego, Borola se da cuenta de que la gente estaba siendo pagada para su recibimiento y que sus "fotógrafos de prensa" eran en realidad personas que Cristino había contratado del jardín.
Cristino intenta convencer al empresario Paulino Barrancas de que reciba a Borola, pero él se muestra reacio, pues ninguna artista exótica que le ha contratado ha tenido éxito. Finalmente, Paulino acepta visitarla en el hotel con tacos y lonches. Durante la cena, juegan a "cuarto", un juego de golpes sorpresa, lo que genera un ambiente caótico.
A pesar de todo, la primera presentación de Borola es un éxito rotundo, con grandes aglomeraciones para conseguir boletos y el público maravillado por sus actuaciones. Su fama crece, aunque los aplausos y ovaciones comienzan a afectarla físicamente. Borola sigue viajando y triunfando, aunque le molestan los banquetes y prefiere el dinero en efectivo. La familia se acostumbra a viajar constantemente.
El señor Burrón recibe cartas y dinero de Borola, quien sigue de gira y quiere ser conocida en toda la República. Aunque la echa de menos, deposita el dinero en el banco sin tomar nada para sí. La historia termina dejando en el aire si la fama y el dinero distanciarán al matrimonio Burrón.


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