La Noche de los Fantasmas en el Callejón del Cuajo

 



Era una noche fría y ventosa en el Callejón del Cuajo, donde vivía la peculiar familia Burrón. Todo parecía tranquilo… o al menos eso pensaba Regino Burrón, quien después de un largo día de trabajo en su peluquería El Rizo de Oro, se había quedado dormido frente al televisor mientras veía una película de terror. Pero aquella paz estaba a punto de ser interrumpida por algo que nadie esperaba: ¡fantasmas!

 

El Misterio Comienza

Todo empezó cuando Foforito Cantarranas, el hijo adoptivo de la familia, salió a tirar la basura a altas horas de la noche. El muchacho, siempre curioso y valiente (aunque fingiera lo contrario), escuchó un ruido extraño proveniente del patio trasero de la vecindad. Era un sonido metálico, como si alguien estuviera arrastrando una cadena oxidada.

—¿Quién anda ahí? —preguntó Foforito con voz temblorosa, aferrándose al bote de basura como si fuera un escudo.

De repente, una sombra larga y delgada apareció bajo la luz de la luna. Parecía flotar sin tocar el suelo. Foforito gritó tan fuerte que despertó no solo a toda la familia Burrón, sino también a todos los vecinos del callejón.

La Reacción de Borola

Cuando Borola Tacuche de Burrón oyó el grito de Foforito, saltó de la cama como un resorte. Sin perder ni un segundo, agarró su sartén favorito (que siempre tenía listo para cualquier emergencia) y bajó corriendo las escaleras.

—¡Qué barbaridad es esta! ¿Quién anda haciendo escándalo a estas horas? —gritó Borola, blandiendo el sartén como si fuera una espada medieval.

Al llegar al patio, se encontró con Foforito temblando detrás de un arbusto y señalando hacia el fondo del callejón.

—¡Es un fantasma, doña Borola! ¡Lo vi con mis propios ojos! —dijo Foforito, todavía temblando.

Borola bufó con desprecio.

—¡Fantasmas en mi vecindad? ¡Eso sí que no lo voy a permitir! ¡Nadie viene a asustar aquí mientras yo esté viva!

Con esa determinación, Borola lideró una expedición nocturna para investigar el origen de los misteriosos ruidos. A su lado se unieron Regino Jr. (el Tejocote), Macuca y, por supuesto, su marido Regino, quien llevaba una linterna pero parecía más preocupado por mantenerse alejado de problemas que por resolverlos.

 

El Primer Encuentro Espeluznante

Mientras avanzaban por el oscuro callejón, los pasos del grupo resonaban entre las paredes de ladrillo. De pronto, un nuevo ruido los hizo detenerse en seco: era un gemido lastimero, seguido de risas tenebrosas que parecían venir de todas partes.

—¡Esto es obra del diablo! —exclamó Borola, aunque sin soltar su sartén ni un momento.

Justo entonces, una figura blanca emergió de entre las sombras. Era alta, etérea y emitía un brillo plateado bajo la luz de la luna. Todos retrocedieron horrorizados, excepto Borola, quien avanzó decidida hacia el supuesto fantasma.

—¡Ya basta de tonterías! ¡Dime quién eres y qué quieres aquí! —demandó Borola, levantando su sartén como advertencia.

El "fantasma" respondió con una voz cavernosa:

—¡Soy el espíritu del Callejón del Cuajo, y he venido a reclamar lo que me pertenece!

En ese preciso instante, el "espíritu" extendió sus brazos y comenzó a flotar lentamente hacia ellos. Fue demasiado para el pobre Regino, quien dejó caer la linterna y salió corriendo hacia la casa gritando:

—¡No quiero nada con fantasmas! ¡Me rindo!

El Ingenio de Borola

Pero Borola no iba a rendirse tan fácilmente. Con su característico ingenio, notó algo sospechoso: el "fantasma" olía a alcohol barato. Además, sus movimientos torpes revelaban que no estaba flotando realmente, sino caminando sobre zancos improvisados.

—¡Ajá! ¡Lo sabía! Esto no es más que un truco barato —declaró Borola triunfante.

Sin perder tiempo, lanzó su sartén con precisión quirúrgica, derribando al falso fantasma. La figura cayó al suelo con un estruendo, revelando que debajo de las sábanas blancas estaba… ¡Don Susano Cantarranas, el borracho padre biológico de Foforito!

La Confesión de Don Susano

Ante la mirada atónita de todos, Don Susano intentó justificarse balbuceando:

—¡Fue idea de La Divina Chuy! Ella dijo que podríamos ganar dinero asustando a los vecinos y cobrándoles por "limpiarles" el mal de ojo.

Resultó que Don Susano y La Divina Chuy habían planeado todo como un negocio secundario, aprovechando la superstición de algunos vecinos. Pero claro, nunca imaginaron que alguien tan astuta como Borola descubriría su engaño.

El Final Inesperado

Después de una buena reprimenda (y varios golpes con el sartén), Borola decidió darle una lección a Don Susano y a La Divina Chuy. Obligó a ambos a limpiar todo el callejón antes del amanecer, usando sólo un trapo viejo y un cubo de agua helada.

 

Por otro lado, la noticia de los falsos fantasmas se extendió rápidamente entre los vecinos, quienes celebraron la valentía de Borola con una pequeña fiesta improvisada. Claro, ella no perdió la oportunidad de organizar rifas y juegos durante la celebración, asegurándose de recaudar fondos para mejorar las condiciones del callejón.

Moraleja

Al final de la noche, todos aprendieron una valiosa lección: no hay mejor antídoto contra el miedo que el sentido común y un buen golpe de realidad. Y aunque los fantasmas no existían en el Callejón del Cuajo, siempre habría personajes como Borola para enfrentar cualquier desafío con humor, astucia y un buen sartén.

 

Así terminó otra aventura inolvidable de la familia Burrón, demostrando una vez más que incluso en las situaciones más absurdas, siempre hay espacio para la diversión y la risa.

Fin. 😄

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