En una mañana soleada, como casi siempre lo estaba en el bullicioso Callejón del Cuajo, doña Gamusita, la anciana madre de Avelino Pilongano, decidió tomar cartas en el asunto. Su hijo, un joven soñador que pasaba sus días componiendo versos incomprensibles y recitando poemas mal rimados a quien quisiera escucharlo (o no), seguía viviendo bajo su techo sin un trabajo estable. Doña Gamusita, cansada de lavar ropa ajena para mantenerlos a ambos, decidió visitar a Don Regino Burrón en su famosa peluquería, El Rizo de Oro.
La Propuesta de Doña Gamusita
Doña Gamusita entró a la peluquería con su andar lento pero
decidido, sosteniendo su bastón y mirando a Don Regino con una mezcla de
respeto y firmeza.
—Buenos días, don Regino —saludó, ajustándose los anteojos—.
Necesito hablar con usted sobre algo importante.
Regino, quien estaba ocupado arreglando el cabello de un
cliente, levantó la vista con curiosidad.
—¿Qué pasa, doña Gamusita? ¿Acaso necesita un corte de
cabello?
—No, no es eso, querido. Es sobre mi hijo, Avelino. Ese
muchacho no hace nada más que escribir poesías absurdas y soñar con ser un gran
poeta reconocido. Pero mientras tanto, yo tengo que trabajar como loca para
mantenerlo. Así que pensé… ¿por qué no lo pone a trabajar aquí, en su
peluquería? Tal vez aprenda algo útil.
Regino se quedó pensativo por un momento. Después de todo,
él siempre había sido un hombre generoso y trabajador, y la idea de ayudar a
alguien le parecía noble. Además, sabía que Avelino necesitaba un empujón hacia
la realidad.
—Está bien, doña Gamusita. Puedo darle una oportunidad. Lo
pondré a prueba como aprendiz. Pero si rompe algo o arruina a mis clientes,
tendrá que irse.
Doña Gamusita sonrió con satisfacción.
—Gracias, don Regino. Prometo que no se arrepentirá. Avelino
será el mejor aprendiz que haya tenido.
El Primer Día de Avelino en la Peluquería
Al día siguiente, Avelino llegó a El Rizo de Oro con su
habitual atuendo bohemio: un sombrero demasiado grande, una bufanda innecesaria
para el calor y una libreta de poemas colgando de su cinturón. Parecía más
preparado para declamar versos en un café literario que para manejar tijeras y
peines.
—Buenos días, señor poeta —bromeó Regino al verlo entrar—.
Hoy no hay tiempo para versos. Tienes que aprender a cortar cabello.
Avelino, aunque nervioso, intentó mostrarse entusiasta.
—¡Oh, sí, maestro! Estoy listo para desatar mi creatividad
en cada mechón de cabello. Seré como un escultor moderno, moldeando las
cabelleras con arte y poesía.
Regino frunció el ceño.
—Aquí no queremos artistas, muchacho. Solo queremos que
hagas tu trabajo sin causar desastres.
Con eso, Regino comenzó a enseñarle lo básico: cómo sostener
las tijeras, usar el peine y evitar lastimar a los clientes. Avelino escuchaba
atentamente, pero era evidente que su mente divagaba entre imágenes metafóricas
y metáforas extrañas.
Las Graciosas Aventuras en la Peluquería
Pronto, Avelino comenzó a interactuar con los clientes. Sin
embargo, sus "creaciones capilares" eran… digamos, únicas.
1. El Cliente con el Corte Asimétrico
El primer cliente
que atendió Avelino fue un hombre común que solo quería un corte clásico. Pero
cuando terminó, uno de los lados del cabello era significativamente más largo
que el otro.
—¡Es un homenaje a
la dualidad del ser humano! —explicó Avelino con orgullo.
El cliente,
confundido, pagó rápidamente y salió corriendo.
2. El Caso del Tinte Inesperado
En otra ocasión,
Avelino accidentalmente mezcló dos tintes diferentes, creando un color verde
fluorescente que aplicó en el cabello de una señora.
—¡Verde es el color
de la esperanza! —declaró Avelino, tratando de justificarse.
La señora gritó
horrorizada y persiguió a Avelino por toda la peluquería hasta que Regino
intervino.
3. El Peinado Literario
Un cliente le pidió
un estilo elegante y formal. Avelino, inspirado por su amor por la poesía,
decidió hacerle un peinado que parecía una pluma gigante.
—Es como la pluma
de un águila poética —dijo Avelino, emocionado.
El cliente se negó a pagar y juró nunca
volver.
Entre risas y caos, Foforito y el Tejocote, quienes también
ayudaban en la peluquería, disfrutaban enormemente de los desastres causados
por Avelino. Incluso comenzaron a grabar sus errores en secreto para subirlos a
YouTube.
El Gran Momento de Avelino
Un día, llegó un cliente especial: Floro Tinoco, el Tractor,
el novio abusivo de Macuca. Floro quería un corte que lo hiciera lucir aún más
intimidante. Avelino, sintiéndose presionado, decidió improvisar.
Cuando terminó, Floro tenía un corte tan desastroso que
parecía haber pasado por un huracán. Su cabello estaba tieso hacia arriba, como
si hubiera sido electrocutado, y algunos mechones sobresalían en ángulos
imposibles.
—¡Qué barbaridad! —gritó Floro, furioso—. ¡Parece que me
pegaron un rayo!
Avelino, tratando de calmarlo, recitó uno de sus poemas:
> "El rayo es símbolo de poder,
> Así como tú,
flor de acero,
> Tu cabello ahora
brilla fuerte,
> Como el trueno
que sacude el cielo."
Floro, enfurecido, lanzó su gorra al suelo y amenazó con
demandar a la peluquería. Regino tuvo que intervenir nuevamente, ofreciendo
disculpas y prometiendo arreglar el corte gratis.
La Decisión Final
Después de varias semanas de pruebas y muchos desastres,
Regino llamó a Avelino a su oficina.
—Escucha, muchacho —dijo con seriedad—. Has demostrado ser
un buen chico, pero creo que la peluquería no es tu lugar. Tienes talento, pero
no para esto.
Avelino bajó la cabeza, aparentemente decepcionado.
—Lo entiendo, don Regino. Supongo que seguiré siendo poeta,
aunque nadie comprenda mis versos.
Regino sonrió y le dio una palmada en el hombro.
—Nunca dejes de soñar, Avelino. Pero tal vez deberías buscar
formas más prácticas de ganarte la vida… como vender tus poemas en la calle.
Doña Gamusita, al enterarse de la noticia, aceptó
resignadamente que su hijo nunca sería peluquero. Sin embargo, decidió apoyarlo
en su carrera artística, aunque eso significara seguir lavando ropa por un
tiempo más.
Epílogo
Avelino regresó a su vida de poeta, pero ahora con un nuevo
propósito. Comenzó a escribir poemas humorísticos basados en sus experiencias
en la peluquería, los cuales se volvieron populares en el Callejón del Cuajo.
Incluso Foforito y el Tejocote subieron algunos videos de sus desastres
capilares a YouTube, convirtiéndolos en estrellas locales.
Así concluyó esta divertida aventura, recordándonos que,
aunque no todos están destinados a ser grandes en un oficio, siempre hay
espacio para reír y encontrar nuestro verdadero camino.
Fin. 😊

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