La Divertida Aventura de Don Susano Cantarranas y sus Merengues

 


¡Hola, amigos. Hoy les traigo una historia super divertida y llena de emociones sobre nuestro querido Don Susano Cantarranas, el padre biológico de Foforito. En esta aventura, Don Susano decide dejar atrás su vida de pepenador y se lanza a la tarea de vender merengues en el barrio del Lodazal y colonias vecinas. Durante su recorrido, llega al Callejón del Cuajo, donde vive la familia Burrón. ¡Prepárense para una historia llena de risas, sabor y momentos inolvidables!

Una Decisión Importante

Todo comenzó una mañana soleada en el barrio del Lodazal. Don Susano Cantarranas, conocido por ser un pepenador empedernido, estaba cansado de su vida de pepena y decidió que era momento de cambiar.

"¡Basta ya! No quiero seguir siendo un pepenador toda mi vida. Es hora de encontrar una nueva manera de ganarme la vida," pensó Don Susano mientras caminaba por el barrio.

Decidido a buscar una nueva ocupación, se encontró con un viejo amigo, Don Chuy, quien vendía merengues en las calles.

"Susano, deberías probar a vender merengues. Es un buen negocio y la gente los adora," sugirió Don Chuy, mientras le ofrecía un merengue para probar.

"¡Esta es una idea maravillosa! Me encantan los merengues. Voy a intentarlo," exclamó Don Susano, decidido a darle un giro a su vida.

Preparativos para Vender Merengues

Don Susano se puso manos a la obra para prepararse como vendedor de merengues. Consiguió un carrito y lo pintó de colores brillantes para atraer a los clientes. Además, se aseguró de que los merengues estuvieran frescos y deliciosos, utilizando las mejores recetas.

"Este carrito va a ser la envidia de todos. ¡Voy a vender los mejores merengues de la ciudad!" pensó Don Susano, con entusiasmo.

Con el carrito listo y lleno de merengues, Don Susano salió a las calles del Lodazal para iniciar su nuevo negocio. Al principio, los vecinos se mostraban sorprendidos al verlo en su nuevo papel, pero pronto se acostumbraron y comenzaron a comprar sus deliciosos merengues.

"¡Miren! ¡Don Susano está vendiendo merengues! ¡Vamos a probarlos!" decían los vecinos, mientras se acercaban al carrito.

Recorrido por el Barrio del Lodazal

Don Susano recorrió todo el barrio del Lodazal con su carrito, vendiendo merengues a niños, adultos y ancianos. Cada día era una nueva aventura llena de momentos cómicos y situaciones inesperadas.

Uno de los días más memorables fue cuando un grupo de niños traviesos decidió hacerle una broma a Don Susano. Los niños colocaron un cartel en el carrito que decía "Merengues Gratis".

"¡Merengues gratis! ¡Vamos a llevarnos todos los que podamos!" exclamaron los niños, riendo.

Don Susano, al darse cuenta de la broma, decidió seguirles el juego y les regaló algunos merengues, a cambio de que le ayudaran a promover su negocio.

"Está bien, niños. Les doy unos merengues, pero a cambio, tienen que ir por todo el barrio diciendo que vendo los mejores merengues," dijo Don Susano, con una sonrisa.

Llegada al Callejón del Cuajo

Un día, Don Susano decidió expandir su negocio y visitar colonias vecinas. Así, llegó al famoso Callejón del Cuajo, donde vivía la familia Burrón. Al entrar en la vecindad con su carrito de merengues, llamó la atención de todos los vecinos.

"¡Merengues, merengues! ¡Frescos y deliciosos!" gritaba Don Susano, mientras los niños corrían a su encuentro.

Borola, siempre curiosa y entusiasta, salió a ver qué estaba pasando. Al ver a Don Susano con su carrito, no pudo evitar sonreír.

"¡Don Susano! ¿Qué sorpresa verlo aquí vendiendo merengues," dijo Borola, acercándose.

"Hola, Borola. Decidí dejar de ser pepenador y ahora vendo merengues. ¿Quieres probar uno?" respondió Don Susano, ofreciendo un merengue.

"¡Claro que sí! Dame dos, por favor," dijo Borola, emocionada.

Una Gran Venta en el Callejón del Cuajo

La presencia de Don Susano en el Callejón del Cuajo fue un éxito rotundo. Los vecinos, encantados con los merengues, no tardaron en formar una larga fila para comprar.

"¡Estos merengues son deliciosos! ¡Voy a llevar unos para mi familia!" exclamó Doña Chuy, mientras pagaba por sus merengues.

Regino, Macuca y Foforito también se unieron a la diversión, ayudando a Don Susano a vender más merengues y disfrutando de la alegría del momento.

"Papá, estos merengues son increíbles. ¡Estamos orgullosos de ti!" dijo Foforito, con una gran sonrisa.

Travesuras y Risas

Mientras vendían merengues, no faltaron las travesuras y las risas. En un momento, Foforito decidió decorar el carrito con globos y serpentinas, causando un gran alboroto.

"¡Miren qué bonito quedó el carrito! ¡Ahora parece una carroza de fiesta!" dijo Macuca, riendo.

Regino, siempre dispuesto a ayudar, se encargó de organizar la fila de clientes, mientras Borola entretenía a todos con sus historias divertidas.

Un Nuevo Comienzo

Después de un día lleno de diversión y éxito, Don Susano se sintió agradecido y orgulloso de su nuevo negocio. Decidió que, aunque aún había desafíos por delante, estaba en el camino correcto.

"Gracias a todos por su apoyo. Este es solo el comienzo de una nueva vida," dijo Don Susano, conmovido.

Borola, Regino, Foforito y todos los vecinos del Callejón del Cuajo celebraron el éxito de Don Susano con una gran fiesta, disfrutando de merengues y compartiendo risas.

 

 

 

Publicar un comentario

0 Comentarios