Era una noche serena en el Callejón del Cuajo cuando Avelino Pilongano, conocido por su dedicación a la poesía, decidió organizar una velada literaria en casa de la familia Burrón. Quería compartir su amor por las letras con sus amigos poetas, Olga Zanna y Vagancio Pocalucha.
Borola, siempre dispuesta a apoyar las actividades culturales del barrio, aceptó la idea con entusiasmo. "¡Claro que sí, Avelino! Organizaremos una noche de poesía como nunca antes se ha visto en el Callejón del Cuajo," exclamó, ya planeando los detalles en su mente.
Olga Zanna era una poetisa talentosa, conocida por sus versos apasionados y su voz suave pero firme. Vagancio Pocalucha, por su parte, tenía un estilo más desenfadado y humorístico, lo que complementaba perfectamente la seriedad de Avelino y la intensidad de Olga.
La velada comenzó con la llegada de los invitados. Los vecinos, curiosos y emocionados, se reunieron en el patio de los Burrón, que estaba decorado con luces y guirnaldas para la ocasión. Borola había preparado una mesa con café y dulces, mientras Don Regino y los niños se encargaban de acomodar las sillas y los cojines.
Avelino, con su característica apariencia despistada, tomó el primer turno para leer sus poemas. Con voz solemne, recitó versos de su último trabajo, "Vibraciones del Caletre", dejando a los presentes en una mezcla de reflexión y diversión. Aunque su poesía era inusual, su pasión era evidente y contagiosa.
Olga Zanna siguió a Avelino. Su presencia en el escenario irradiaba calma y sabiduría. Con un tono melodioso, recitó un poema sobre el amor y la naturaleza, transportando a la audiencia a un mundo de belleza y emoción. Sus palabras resonaron en los corazones de todos, arrancando aplausos y suspiros.
Luego fue el turno de Vagancio Pocalucha. Con su estilo desenfadado y humorístico, logró arrancar carcajadas con sus versos cómicos y satíricos. Habló sobre la vida cotidiana, las pequeñas tragedias y las grandes alegrías, haciendo que la audiencia se riera y reflexionara al mismo tiempo.
A lo largo de la velada, los poetas intercalaron sus lecturas con anécdotas y comentarios sobre la vida y el arte de la poesía. Borola, siempre la anfitriona perfecta, animó a los asistentes a compartir sus propios poemas o pensamientos, creando un ambiente inclusivo y participativo.
La noche avanzó y la magia de la poesía envolvió el Callejón del Cuajo. Los vecinos, conmovidos y entusiasmados, agradecieron a Avelino, Olga y Vagancio por una noche inolvidable. Incluso aquellos que al principio dudaban del valor de la poesía, quedaron convencidos de su poder para unir a las personas y provocar emociones profundas.
Cuando la velada llegó a su fin, Avelino, Olga y Vagancio se reunieron con Borola y Don Regino. "Gracias por darnos la oportunidad de compartir nuestra pasión con ustedes," dijo Olga, con una sonrisa de gratitud.
"Fue un placer, Olga. La poesía es un regalo que todos debemos disfrutar," respondió Borola, abrazando a los poetas.
Avelino, con su habitual actitud despreocupada, añadió: "Espero que hayan disfrutado de mis versos. ¡Prometo mejorar la próxima vez!"
La familia Burrón y sus amigos despidieron a los poetas con abrazos y agradecimientos, sabiendo que esa velada poética quedaría grabada en sus corazones como un momento de arte, amistad y comunidad.
Espero que hayas disfrutado de esta historia sobre Avelino, Olga Zanna y Vagancio Pocalucha. Si tienes alguna otra idea o quieres escuchar más anécdotas, estaré encantado de continuar

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