Felipa Rejón, Don Briagoberto Memelas, y el Cuaco-Pollo en el Callejón del Cuajo

 



Era un día soleado en el Callejón del Cuajo cuando la famosa cancionera de música ranchera, Felipa Rejón, decidió visitar a la familia Burrón. Felipa, conocida por su poderosa voz y su amor por las rancheras, tenía un motivo especial para su visita: estaba enamorada de don Briagoberto Memelas, un hombre tan peculiar como carismático.

 

Don Briagoberto, con su eterna curiosidad y su pasión por los inventos, había creado algo verdaderamente sorprendente: el cuaco-pollo, una mezcla insólita de caballo y pollo. Este invento había causado asombro y risas en toda la comunidad, y Felipa, fascinada por la genialidad de don Briagoberto, no pudo resistirse a visitarlo.

 

Al llegar al Callejón del Cuajo, Felipa fue recibida por Borola Burrón, quien siempre estaba dispuesta a recibir a los amigos con los brazos abiertos. "¡Felipa, qué gusto verte! Pasa, por favor. Estoy segura de que don Briagoberto estará encantado de verte," dijo Borola con una sonrisa.

 

Felipa, con su guitarra al hombro, entró y se unió a Borola en la sala. Pronto, don Briagoberto llegó, acompañado por el cuaco-pollo, una criatura sorprendente con la cabeza de un pollo y el cuerpo de un caballo. "¡Felipa! Qué sorpresa verte aquí," dijo don Briagoberto, con una mezcla de timidez y entusiasmo.

 

"Hola, don Briagoberto. He venido a cantar unas canciones y, por supuesto, a ver tu increíble invento," respondió Felipa, mirando con asombro al cuaco-pollo.

 

Borola, siempre el alma de la fiesta, propuso organizar una tarde de música y diversión en el patio. "¡Vamos, todos al patio! Felipa nos va a regalar unas canciones y don Briagoberto nos mostrará cómo entrena al cuaco-pollo," exclamó, animando a todos a seguirla.

 

En el patio, los vecinos se reunieron rápidamente, atraídos por la noticia de la visita de Felipa y la curiosidad de ver al cuaco-pollo en acción. Don Regino, Reginito, Macuca y Wilson también se unieron a la multitud, listos para disfrutar del espectáculo.

 

Felipa comenzó a cantar con su poderosa voz, llenando el aire con melodías de amor y esperanza. Su música resonaba en las paredes del Callejón del Cuajo, haciendo que todos se sintieran conectados y emocionados. Don Briagoberto, emocionado por la actuación, decidió mostrar algunas de las habilidades del cuaco-pollo.

 

"Amigos, quiero presentarles a mi más reciente creación: el cuaco-pollo. No solo es una curiosidad biológica, sino también un gran talento," dijo don Briagoberto, mientras el cuaco-pollo hacía una pequeña reverencia.

 

Con una señal de don Briagoberto, el cuaco-pollo comenzó a trotar en círculos, mostrando una sorprendente agilidad. Los niños aplaudieron y rieron, mientras los adultos no podían contener su asombro. Don Briagoberto continuó con una serie de trucos, haciendo que el cuaco-pollo saltara obstáculos y realizara movimientos coordinados.

 

Después del espectáculo, Felipa retomó su guitarra y continuó con su repertorio. Al final de cada canción, don Briagoberto miraba a Felipa con admiración, conmovido por su talento y su belleza. Los vecinos, encantados por la música y el espectáculo del cuaco-pollo, se acercaron a agradecer a ambos por una tarde tan especial.

 

La tarde se convirtió en una celebración improvisada. Borola y doña Remedios prepararon algunos antojitos mexicanos, mientras los niños jugaban alrededor del cuaco-pollo, que parecía disfrutar de la atención. Don Regino y otros vecinos conversaban animadamente sobre el futuro de los inventos de don Briagoberto y la posible carrera musical de Felipa.

 

A medida que el sol se ponía, Felipa interpretó su última canción, una melodía romántica dedicada a don Briagoberto. Al terminar, todos aplaudieron con entusiasmo. Don Briagoberto, conmovido, se acercó a Felipa y tomó su mano. "Gracias, Felipa. Tu música ha hecho de este día algo inolvidable."

 

Felipa, con una sonrisa tímida, respondió: "Gracias a ti, don Briagoberto. Tus inventos son maravillosos, pero más maravilloso es compartir estos momentos contigo."

 

La familia Burrón y los vecinos del Callejón del Cuajo despidieron a Felipa y don Briagoberto con cariño, agradecidos por una tarde de alegría y magia. El cuaco-pollo, con su paso peculiar, siguió a don Briagoberto mientras se alejaban, dejando atrás una estela de risas y recuerdos inolvidables.

 

Espero que hayas disfrutado de esta historia sobre Felipa Rejón, don Briagoberto Memelas y el cuaco-pollo. Si tienes alguna otra idea o quieres escuchar más anécdotas, estaré encantado de continuar.

 

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