Formato PDF. La Familia Burrón - Paquito #17011 (6 de diciembre de 1970)
Resumen
El conflicto inicial: Regino le da a Borola solo 100 pesos para el gasto de toda la semana, alegando que la peluquería ya no da para más. Borola, indignada, hace pedazos el billete frente a él para hacerlo reaccionar y obligarlo a buscar otro trabajo o mejorar su situación económica. Regino, dolido, decide intentarlo.
La crisis del oficio: La peluquería "El Rizo de Oro" de Regino está en decadencia porque la moda del pelo largo en los hombres ("greñas", "melenudos") ha acabado con su clientela. Decide cerrar el changarro y buscar trabajo en otro lado.
La búsqueda de empleo (una serie de fracasos cómicos):
- Va con su amigo, el empresario Volovanes, quien solo le ofrece trabajo de "ofis-boy" (lavar el coche, sacudir trajes), que Regino rechaza por considerarlo degradante.
- Va con Plutarco Ceviche, dueño de una fundidora, quien lo manda a trabajar cargando rieles pesados — trabajo físico para el que Regino, ya mayor y sin fuerza, no está preparado. Termina siendo despedido de ahí también.
- Intenta una entrevista de trabajo con pruebas psicológicas absurdas (preguntas sin sentido) que resulta ser una estafa.
- Va a una supuesta empresa "de fama internacional" que resulta ser un esquema para vender palillos con comisiones fantasiosas — puro cuento.
- Finalmente, es rechazado brutalmente en varios lugares por su edad ("los viejos ya no sirven para nada"), llegando a ser literalmente arrojado a la calle a golpes por un empresario.
El sabotaje de Borola: Mientras tanto, se revela que fue Borola quien echó un corrosivo a los sillones de la peluquería para destruirlos y obligar a Regino a dejar ese oficio y buscar algo mejor. Cuando Regino, agotado y humillado por tantos rechazos, regresa a casa derrotado, confirma con Borola que ella fue la responsable. Ella le explica que lo hizo por su bien, para que buscara algo que ganara más dinero.
La solución (con humor irónico): Al final, Regino decide continuar en la peluquería a pesar de todo. Con ayuda de sus hijos, quienes tienen ideas para modernizar el changarro (ofrecer coñac a los clientes, poner una "chica bonita" atractiva en la puerta), y luego con un préstamo para comprar sillones nuevos, Regino reconstruye su negocio.
El final feliz (y absurdo): Por casualidades del destino, un general del ejército le ofrece a Regino peluquear a cien mil soldados de la plaza —trabajo garantizado e ilimitado, ya que mientras corta el pelo a unos, a otros ya les vuelve a crecer. La tira cierra señalando irónicamente que Regino nunca supo que toda esta "bonanza" se la debe a la travesura de su esposa Borola.
Es una historia clásica de la serie que satiriza el desempleo, el edadismo laboral y las modas de la época (pelo largo en hombres), con el humor característico de Gabriel Vargas y el papel de Borola como motor "traviesa pero bienintencionada" de la trama.


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