Avelino Pilongano El hijo único de Doña Gamucita. Fue niño prodigio, pero su inteligencia promisoria se malogró a muy tierna edad cuando “se cayó de cuernos” (de cabeza) en el Cerro de la Estrella, (en la actual Delegación Iztapalapa, al oriente de la Ciudad de México) a donde su papá lo llevó a volar “papalotes” (o sea, cometas) y una ráfaga de viento lo arrastró hasta hacerlo caer desde un promontorio rocoso.
A pesar de ser un adulto vive a expensas del trabajo de su madre, escudado en el pretexto de que él se dedica a la poesía. Mas para calibrar la calidad de su obra, aquí se consignan unos versos de los cuales es autor: "Acémila tuerta ¿que haces detrás de la puerta?; Acémila virola, a que te piso la cola". Cuando se le presiona para obtener un trabajo remunerado, Avelino siempre argumenta que un artista de su talla no puede rebajarse a realizar ningún tipo de trabajo físico.
Acostumbrado a rodearse de personas de gustos similares a los suyos, con quienes suele pasar los días holgazaneando en los jardines de la capital mexicana. Apodado "El Babotas" por su constante apariencia de ensimismado y poco atento, la calidad de su trabajo como poeta dentro de su universo no es muy clara, pues a pesar de que sus libros "Vibraciones del Caletre" y "Bitles de Calzón y Huarache", con el que ganó los Juegos Florales de San Teporingo de las Iguanas, nunca han sido publicados, es un amigo respetado de poetas reconocidos, como Octavio Paz y Carlos Monsivais.
Un cínico de corazón, su perspectiva de la vida se refleja en la total desconsideración que tiene hacia su madre: en una ocasión planeó casarse con una joven tan perdida como él, y sin rodeos le pidió a su madre que se fuera de la casa, pues "la madre en la casa de los recién casados, no va"; también intentó casar a Gamucita con un millonario, para así él poder darse la gran vida.
Tampoco tiene empacho en dormir en la única cama de su casa, no ayudar a su mamá con los enormes paquetes de ropa que esta carga, o devorar la última porción de frijoles refritos que queda en su casa a expensas del ayuno de su anciana madre. Para redondear el asunto, en las pocas ocasiones en que realmente está dispuesto a trabajar sufre toda clase de infortunios, como caerse de un edificio en construcción al laborar de ayudante de albañil, quedarse encerrado en un ascensor al trabajar como elevadorista, o ser bañado en harina y horneado (literalmente) al ser aprendiz de panadero en "La Hojaldra". Estos sucesos no hacen sino respaldar aún más sus argumentos contra el trabajo.
En
uno de los capítulos, Avelino por fin consigue un trabajo acorde a sus
aptitudes, lo contratan para dormir plácidamente en la sección de colchones en
un aparador de una mueblería a la vista del público, desde luego hace muy bien
su trabajo sin embargo renuncia después de unos cuantos días de "ardua
labor" pues llegaba a casa muy cansado de trabajar. Sobra decir que su
protectora madre lo apoya en su decisión.

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