La Gran Huida de Do帽a Gamucita

 


 馃С Lugar: La vecindad de Do帽a Gamucita / El Callej贸n del Cuajo (Casa de los Burr贸n).

Hora: Madrugada oscura y silenciosa.

 

Personajes:

   Do帽a Gamucita Botello Pericocha: Una anciana diminuta, cargando un bulto atado con un pa帽uelo a cuadros. Lleva puestos sus enormes zapatos ortop茅dicos, que hacen clac-clac incluso cuando intenta caminar de puntillas.

   Avelino Pilongano: Dormido profundamente en la 煤nica cama, roncando como un tractor averiado, rodeado de papeles con poemas mediocres.

   Do帽a Borola Tacuche de Burr贸n: Despierta, tomando caf茅 en la cocina, vestida con una bata de seda y rulos en el cabello.

   Don Regino Burr贸n: Leyendo el peri贸dico matutino, sorprendido por la visita.

   Los Ni帽os (Macuca, Tejocote, F贸foro) y Wilson: Observando desde las sombras, curiosos.

 

 Parte 1: La Decisi贸n Silenciosa

 

(La escena abre en la habitaci贸n h煤meda y oscura de Do帽a Gamucita. La luna entra por una ventana rota, iluminando el polvo que ya empieza a acumularse. En la cama, Avelino duerme boca arriba, con la boca abierta, ocupando el 90% del colch贸n. Un pie cuelga fuera, casi tocando el suelo donde deber铆a dormir su madre.)

 

(Do帽a Gamucita est谩 de pie junto a la puerta, mirando a su hijo por 煤ltima vez antes de irse. No hay tristeza en su rostro, sino una determinaci贸n f茅rrea. Se ajusta el rebozo sobre los hombros huesudos.)

 

DO脩A GAMUCITA: (Susurrando para s铆 misma) Adi贸s, Avelino. Hoy no hay frijoles refritos. Hoy no hay caf茅 negro. Hoy... hoy hay libertad.

 

(Mira sus enormes zapatos. Son tan grandes que parecen dos barcas varadas en el suelo de cemento. Suspira, sabiendo que el viaje ser谩 largo y doloroso para sus pies, pero necesario para su alma.)

 

DO脩A GAMUCITA: Te dejo la cama. Te dejo la casa. Te dejo hasta el aire que respiras, porque total, solo lo usas para suspirar por musas imaginarias mientras yo me parto el lomo lavando calzoncillos ajenos. ¡Basta! ¡Me voy con quienes s铆 tienen coraz贸n!

 

(Da media vuelta. Sus zapatos hacen un CLAC seco al tocar el suelo. Avelino se remueve, murmura algo ininteligible —probablemente una rima mala— y vuelve a roncar. Gamucita no mira atr谩s. Abre la puerta con cuidado infinito y sale al pasillo oscuro de la vecindad.)

 

(Camina por las calles desiertas de la Ciudad de M茅xico. El amanecer empieza a te帽ir el cielo de gris. Cada paso es un esfuerzo, pero cada metro que se aleja de esa habitaci贸n la hace sentir m谩s ligera. Su destino es claro: el 煤nico lugar donde el caos tiene amor: El Callej贸n del Cuajo.)


Parte 2: La Llegada al Callej贸n del Cuajo

 

(Es temprano en la ma帽ana. Don Regino ya est谩 despierto, preparando su caf茅. Do帽a Borola est谩 revisando un inventario de piezas de cohete en la mesa del comedor. De repente, se oye un golpe suave pero persistente en la puerta principal: Toc-toc-toc. Es un sonido peque帽o, t铆mido.)

 

DON REGINO: ¿Qui茅n ser谩 a estas horas? ¿Otro cobrador?

 

DO脩A BOROLA: Si es otro cobrador, dile que me mud茅 a Marte. O abre t煤, que yo estoy ocupada calculando la trayectoria parab贸lica de esta tuerca.

 

(Don Regino abre la puerta. All铆, en el umbral, parada sobre sus gigantescos zapatos, se encuentra Do帽a Gamucita. Parece m谩s peque帽a que nunca, encogida por el fr铆o y la timidez. Sostiene su peque帽o bulto contra el pecho.)

 

DON REGINO: (Con los ojos muy abiertos) ¿Do帽a Gamucita? ¿Qu茅 ocurre? ¿Se enferm贸 Avelino? ¿Necesita dinero?

 

DO脩A GAMUCITA: (Levanta la vista, con l谩grimas contenidas pero voz firme) No, Don Regino. Avelino est谩 bien. Est谩 durmiendo. Como siempre. Y comiendo. Como siempre. Yo... yo ya no puedo m谩s.

 

(Do帽a Borola se asoma por detr谩s de Regino. Al ver a Gamucita, su expresi贸n cambia de curiosidad a comprensi贸n inmediata. Conoce esa mirada: es la mirada de quien ha decidido soltar una carga imposible.)

 

DO脩A BOROLA: (Suavizando la voz, algo raro en ella) Pasa, Gamucita. Pasa, mujer. No te quedes ah铆 parada como estatua de jard铆n.

 

(Gamucita entra dubitativa. Sus zapatos clac-clac resuenan en el piso de la sala. Los ni帽os salen de sus habitaciones, frot谩ndose los ojos.)

 

MACUCA: ¿T铆a Gamucita? ¿Por qu茅 trae ese bulto?

 

DO脩A GAMUCITA: (Deja el bulto en el suelo con un suspiro de alivio) Me fui, Macuca. Me fui de mi casa. Dej茅 a Avelino solo. Por un tiempo. Quiz谩s para siempre. No s茅 si podr茅 volver a ver c贸mo duerme en mi cama mientras yo duermo en el suelo sin arrepentirme de haberlo parido.

 

(Silencio respetuoso en la sala. Don Regino acerca una silla. Borola, sin decir nada, va a la cocina y regresa con una taza de caf茅 humeante y un plato con pan dulce reci茅n comprado.)

 

DO脩A BOROLA: Si茅ntate. Come. Aqu铆 no se duerme en el suelo, Gamucita. Aqu铆 las camas son para todos, o nadie duerme.

 

DO脩A GAMUCITA: (Toma la taza con manos temblorosas) Pero... no quiero ser una carga. Ustedes ya tienen muchos problemas. Inventos, deudas, polic铆as...

 

DON REGINO: (Sonriendo amablemente) Do帽a Gamucita, usted no es una carga. Es familia. Y en esta casa, la familia se ayuda. Si necesita quedarse, qu茅date. El sof谩 es c贸modo, o podemos arreglar algo mejor.

 

F脫FORO: (Acerc谩ndose t铆midamente) T铆a Gamucita, si se queda, puedo tocarle la mandolina por las noches. Para que no extra帽e tanto... bueno, para que se sienta acompa帽ada.

 

(Gamucita mira a F贸foro, luego a Macuca, al Tejocote, a Wilson (que le lame la mano gigante del zapato), a Regino y finalmente a Borola. Por primera vez en a帽os, siente que no est谩 sola en su sufrimiento.)

 

DO脩A GAMUCITA: (Rompe a llorar, pero son l谩grimas de liberaci贸n) Ay, Borolita... Ay, Regino... Gracias. Gracias por no preguntarme por qu茅 tard茅 tanto en venir. Gracias por no juzgarme por dejar a mi sangre.

 

DO脩A BOROLA: (Abraz谩ndola fuerte, cuidando de no aplastarla) Juzgar es de gente aburrida, Gamucita. Nosotros estamos demasiado ocupados viviendo. Ahora, c贸mase ese pan. Ma帽ana empezamos de cero. Y le advierto: si Avelino viene a buscarla, le voy a poner un cohete en los pantalones.

 

(Todos r铆en suavemente. La tensi贸n se rompe. Gamucita da un mordisco al pan dulce. Sabe a esperanza. Sabe a hogar.)

 

DON REGINO: Bueno, ahora que estamos todos despiertos... ¿qui茅n quiere ayudar a Gamucita a desempacar? Creo que ese bulto pesa menos de lo que parece. Porque lleva dentro mucho menos miedo que ayer.

 

(La c谩mara se aleja mientras la Familia Burr贸n rodea a Do帽a Gamucita. Ella, la mujer m谩s peque帽a de la vecindad, se ve enorme en ese momento, llena de dignidad recuperada. Afuera, el sol termina de salir sobre el Callej贸n del Cuajo, iluminando un nuevo comienzo para la viuda de Pilongano.)


 馃摑 Notas de la Escena:

 

1.  El Simbolismo de los Zapatos: El sonido clac-clac de los zapatos de Gamucita marca su presencia f铆sica y su peso emocional. Al entrar a la casa de los Burr贸n, ese sonido deja de ser una carga y se convierte en parte del ritmo de la familia.

2.  La Reacci贸n de Borola: Es clave que Borola no haga chistes crueles ni ofrezca soluciones m谩gicas inmediatas. Su gesto de ofrecer caf茅 y pan, y la frase "aqu铆 las camas son para todos", muestra su lado m谩s humano y protector.

3.  La Ausencia de Culpa: Nadie en la familia Burr贸n culpa a Gamucita por abandonar a su hijo. Entienden que el amor maternal tiene l铆mites cuando se enfrenta a la explotaci贸n sistem谩tica. Esto valida los sentimientos de Gamucita.

4.  El Contraste: La escena contrasta la soledad fr铆a y sucia de la casa de Avelino con la calidez ca贸tica pero amorosa de la casa de los Burr贸n.

5.  Presagio C贸mico: La amenaza de Borola de ponerle un cohete a Avelino si aparece mantiene el tono ligero de la historieta, prometiendo que, aunque el tema es serio, el humor nunca desaparece.

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